Equilibrio

Equilibrio
"ser"

sábado, 16 de noviembre de 2013

Mi ego y yo


En el Budismo Zen, entre otras muchas cosas, se habla sobre el ego y la influencia que tiene sobre nosotros, sobre nuestras vidas. Nos dice que el ego es un artificio creado por nuestra mente, con las ideas que van moldeando nuestro sentir, nuestro carácter.

Decimos, lo que creemos ser. Aprendiendo a clasificarlo todo, a poner etiquetas a cada cosa, cada vivencia. A hacer juicios de criterio, porque es más sencillo que pensar en el otro, olvidamos la compasión y nos limitamos a ser “Compasivos”. Desechamos el ser espontáneos, como niño que mira todo por primera vez, porque creemos es más seguro guiarnos por nuestras experiencias, y todo esto nos hace sentir frustración, temores, hasta que nos olvidamos que vivir es solo eso…: sencillamente, vivir.
 
En un momento difícil de mi vida, alguien me dijo “Si no quieres sentirte así… cambia esos pensamientos” Así lo hice y conseguí superar aquello. Aunque no fui consciente de la magnitud de ese hecho, hasta que supe lo que me contaban del ego, aquí es cuando empecé a prestar atención a lo que pensaba, todas aquellas ideas que brotaban en todo momento eran… eso: solo ideas, ideas cambiantes según qué experiencias tenía.

Descubrí de qué forma mi ego, mis pensamientos, mis ideas, dominaban y controlaban mi estado de ánimo, de qué forma miraba todo. Cuando descubrí esto, la primera reacción fue de sorpresa, alegría porque pensé, que siendo así… sería fácil poner todo en su sitio. Lo que me llevó a descubrir todo lo contrario, pues todo mi mundo interior se iba poniendo “Patas arriba” una vida de hábitos de comportamientos, pensamientos y reflejos “espontáneos”, asociados a reacciones por alguna experiencia pasada… no es nada fácil de cambiar.
Este descubrimiento me provocó frustración, rebeldía y comencé una batalla contra mis pensamientos… mi ego. Llegando a pensar que ya no había nada que hacer, que ya era tarde para cambiar esa cabezota llena de ego dominante. Deseaba poder vaciarla, olvidarlo todo y comenzar de nuevo, con pensamientos distintos que me llevaran a ser yo, quien dominara. Lo que, a su vez, me hacia buscar la forma de no pensar. Todo esto, provocaba más lucha, inquietud y desconcierto. Hasta que me di cuenta, que todo… todo, eran pensamientos que ponía ahí mi ego para seguir dominando y separando mi mente, mi cuerpo de lo que “soy”.

Entonces me di por vencida, no había nada que hacer, asumí que tendría que vivir con mis pensamientos, mi ego, Y… aquí es cuando tuve, algo así como un pequeño “Eureka” pues en el instante que acepté que pienso y no puedo evitarlo… mi siguiente pensamiento fue: “Vale, pues aprovechemos esta mente pensante en mi beneficio. Y como la mente, los pensamientos y yo…. Somos uno mismo… seré en sí misma”.

Me ha costado aprender, descubrir que mi ego y yo, somos uno y que aunque me empeñara en separar: lo que soy, de mi ego y mi cuerpo… seguiría todo junto. Porque no hay varios en mí, no estoy fraccionada, todo lo que veo o no veo, cuerpo y mente es una unidad.

Fue un camino duro y difícil en el que estuve a punto de abandonar y seguir como había sido hasta ese momento, sentía que ya era tarde, que nada podría hacer, pero siempre había algo que me empujaba desde lo más profundo en mi, a continuar con mis preguntas, con lo que se me ocurría para conseguirlo. Hasta que tuve aquel “Eureka”, desde entonces, me muevo así en mi día a día, teniendo claro que esto tampoco es válido, pues hay una meta, un querer llegar a algún fin, que me es útil… en ese día a día. Ya que, he conseguido quitar frustración y miedos en mi vivir, por lo que me siento en calma y pocas cosas me hacen reaccionar ya por el impulso del momento y la situación. El simple hecho de darme cuenta me permite ver con distancia, esas ideas que surgen y darles el justo valor que tienen en ese instante. Pero a su vez, también me doy cuenta del poco sentido que tienen estas ideas, si acepto que tan solo “soy” y, tan solo tengo, cada aquí y ahora.

Aunque, a pesar de todo esto que he ido descubriendo, a veces, me sigue costando darme cuenta de las trampas que pongo, con algunas ideas que surgen, al entra en juego algún recuerdo o alguna experiencia, que me hacen repetir comportamientos pasados.

El darme cuenta, ayuda a saber, ser consciente que aún sabiéndolo… sigo cayendo en la trampa del ego, la diferencia es que ahora, termino dándole la justa importancia que tiene, así me quedo menos enredada en la maraña de pensamientos.

No hay objetivo real, pero sí el deseo de seguir poniendo atención a mi ego para saber que solo son ideas. Igual que, a su vez… no me dejo atrapar por el propio deseo.

 Y desde entonces… “soy”, presto atención a mis pensamientos sin luchar contra ellos para darme cuenta que solo existo en cada instante que vivo, siendo un todo en mí, aceptando cada estado de ánimo como lo que es: una idea.

(Quiero aclarar, que sé que he utilizado mucho las palabras: “Darme cuenta” no ha sido un error al escribir este texto, lo he hecho a drede porque el truco esta en…: “Darse cuenta” de todo)

viernes, 1 de noviembre de 2013

La idea de las cosas

 
 Comienzo este blog, sabiendo que como mejor esta, es ahora mismo, vacío de entradas, vacío de ideas… vacío. Sí, porque entrada a entrada se llenará de ideas. Solo ideas que tendré en instantes que, fácil me sean útiles, puedan ser útiles a alguien más que a mi; pero he aprendido que no tengo que agarrarme a ninguna… se me ocurre… que esta será la misión de este nuevo blog. Un simbólico recipiente en el que iré introduciendo esas ideas importantes y, en donde podré venir a buscar alguna, que me pueda ser útil en siguientes instantes de mi presente. Incluso esta perspectiva puede servir para quien se tope con este blog… me gusta la idea ¡Lo ves todo son ideas!
Acaba de darme cuenta que mi primera entrada en este blog se publicará en un día significativo para muchos (El día de todos los Santos) y que, como no creo en las casualidades … tenga también algún significado para mi -nada transcendente o así lo creo-. Algo así como que oficialmente “dejo ir” mi anterior blog, para soltar ideas y así, a su vez desechar de mi corazón aquellos sentimientos que no tienen ya razón de existir. Algo así como un comienzo desde la continuidad, transitada de pensamientos que van y vienen, sin lugar donde asentarse, para ir a parar a este blog.
 Mi intención cuando he cogido el teclado, era que en la  primera entrada quedara reflejado el porqué de los detalles de mi nuevo blog, pues esta pensado y diseñado desde una perspectiva, con un sentido. Pero, de nuevo ocurre que, cuando mis dedos se ponen a teclear, no sé qué será lo que acabe poniendo en esa página que tengo delante. Por tanto y como no podría ser de otro modo… en esta primera entrada, es casi obligado hablar de las ideas.
Solo decir que, con la apariencia del blog, he querido reflejar los cuatro elementos, junto con el símbolo del  Yin y el Yang, que significa la representación de la dualidad, los dos aspectos contrarios y complementarios de la existencia y el equilibrio en el punto en donde se unen. Representando los círculos de cada lado, el hecho que nada es completamente Yin ni completamente yang.
 Y ahora hablaremos de las ideas:
Las ideas marcan nuestras vidas. No solo las que nacen de nuestros pensamientos, también y además… las de las personas con las que nos relacionamos. Al igual que las nuestras influyen en los demás y nuestro entorno. Sin darnos cuenta que las ideas las cambiamos continuamente.
Cuando estudias y practicas el monólogo interior, en los recursos de las técnicas literarias, te das cuenta de los saltos que dan nuestros pensamientos, el constante ir y venir de nuestras ideas. Podemos pasar de estar tarareando una canción, a protestar porque te han quitado el asiento, como a entretenerte en pensar qué es lo primero que vas a hacer cuando termines de trabajar, recordar algo de una conversación y sonreír y todo esto y más… en milésimas de segundo. Sin ser conscientes de ello y su influencia en nuestro estado de ánimo y comportamiento con los demás. Como consecuencia, demasiado a menudo no centramos nuestro vivir y terminamos dudando de todo, perdiéndonos “Entre las ramas” y peleándonos sin sentido con nosotros mismos. Nuestros pensamientos se mueven como coches de choque, dando vueltas y vueltas y topándose entre ellos.
Nuestros miedos, frustraciones, enfados, aquello que nos provoca alegría o tristeza, lo que nos gusta y lo que no. Resumiendo: todos y digo todos, todos nuestros sentimientos –negativos o positivos- nacen de lo que pensamos, que convertimos en la idea de las cosas.
 Y como manejamos una mente lógica y clasificatoria… descartamos aquello que creemos negativo y fomentamos todo lo que creemos positivo o que nos hace feliz. Así terminamos limitando nuestro mundo, limitándonos.
 
 Nos aferramos tanto al rechazar como al querer atraer. Cosa que nos lleva ha movernos entre miedos y frustraciones o estar bien y así, yendo de un extremo a otro, vamos perdiendo nuestro “ser”.
 Para no rechazar ni anhelar nada, solo he de pensar que, sé que estoy triste porque estuve alegre, sé que tengo salud porque estuve enferma. Es decir, si reconozco lo que siento y puedo clasificarlo es porque he sentido lo opuesto. Por tanto ¿No es más lógico, más natural… aceptar lo que me ocurre? Sin rechazo, sin anhelo.
Estas reflexiones no me tienen que llevar a querer controlar mis pensamientos, sino a todo lo contrario. Pienso, no lo puedo evitar, pero sí puedo evitar el sujetar, retener esos pensamientos, sean positivos o negativos, cojo lo que me es útil para funcionar en mi mundo pero sin aferrarme a ello, pues ahora me es útil, no quiere decirse que lo sea en otros momentos, otros “ahoras”.
 Bien, pues queda, oficialmente abierto, mi recipiente particular de ideas.